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quinta-feira, 10 de maio de 2012

WHEN THE ETHICS REACH US - "QUANDO A ÉTICA NOS ALCANÇA"


"Díaz Romero is adjusted to the characteristics that  Socrates defined for the judges:  "It listens politely, responds wisely, praises sensibly and decides impartially" - Guillermo Ortiz Mayagoitia Mexico´s Supreme Court Minister 


WHEN THE ETHICS REACH US  
 Juan Díaz Romero
"Do ethics serves for something ?  Or is a decoration, or, in the worst one of the supposed, a hindrance? 

Obvious the answer seems that, of course, the ethics is of fundamental utility in our cultural environment, but this is too little in reality, therefore the ethics is a discipline that can
conduct to the human offspring to the conquest of the noblest merits than has dreamed since appeared on the face of the Land, inspiring a world where dominate the respect to the dignity of the human person and for the respect to the nature, that is the true country of the mankind. " (...)
"Why we should not have the hope that the ethical principles have practical application among the statesmen, among the rulers, among the scientists, among all the men? " (...)

I believe that this class of justice´s dispensers  is the one that has greater opportunity to approach the ethics and to put in practice its principles.  At times I think that when we come to the world, all we are born with an immaculate, white gown and at the same time, with the metaphorical commitment to conserve it clean during all the journey of our existence carrying a straight life with ourselves and whith ours similar.  (...) 

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Mexicano ganha prêmio máximo de mérito jurídico e leciona sobre a ÉTICA 


leia aqui a integra do discurso  "QUANDO A ÉTICA NOS ALCANÇA"

Ministro Juan Díaz Romero -Suprema Corte do México
 
 Conhecido em seu país como samurai das leis, o magistrado aposentado JUAN DÍAS ROMERO emocionou as autoridades judiciárias presentes ao receber o Premio Ibero-Americano de Mérito Judicial - 2011com um discurso em que combinou erudição e sensibilidade ao falar sobre a ética nas funções judiciais. 
THEMIS ou ATENAS - deusa da JUSTIÇA e da SABEDORIA saiba mais aqui 

Díaz Romero se ajusta a las características que definió Sócrates para los jueces: "Escucha cortésmente, responde sabiamente, pondera prudentemente y decide imparcialmente".Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia 
STJ : Mexicano vence prêmio de ética judicial e emociona magistrados
08.05.2012
A entrega da 3a Edição do Prêmio Ibero-Americano de Mérito Judicial ao magistrado aposentado Juan Díaz Romero, do México, foi um dos momentos mais marcantes da última Cúpula dos Poderes Judiciários Ibero-Americanos, realizada em Buenos Aires. 

Conhecido em seu país como “samurai das leis”, o magistrado emocionou as autoridades judiciárias presentes ao encontro com um discurso em que combinou erudição e sensibilidade ao falar sobre a ética nas funções judiciais.

Juan Díaz Romero – 80 anos de idade, 50 dedicados à Justiça – foi, por duas décadas, integrante da Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) no México. 

Leia aqui  a íntegra do discurso de agradecimento que pronunciou, em espanhol, ao receber a comenda. 

íntegra do DISCURSO : CUANDO LA ÉTICA NOS ALCANCE - Quando a ÉTICA nos alcança 

Ministro aposentado  Juan Díaz Romero


En los últimos tiempos, este insulso caminar por el sendero
que es mi vida me ha deparado el encuentro de cosas inesperadas
por inmerecidas y preciosas por su significado honorífico, entre
las que sobresale el otorgamiento del Premio Iberoamericano al
Mérito Judicial en su tercera edición; abrumado por el peso de tan
alta distinción que debo a la generosidad de la Comisión
Iberoamericana de Ética Judicial, sólo acierto a decir “gracias”,
palabra inveterada pero que siempre se vuelve nueva y refulgente
cuando se pronuncia con sinceridad como yo lo hago en este
momento.
Al recibir este galardón tengo presentes a todos los jueces

que sirven a las innumerables sociedades de Iberoamérica,
principalmente a los juzgadores que desde las escalas jerárquicas
medianas y menores, se esfuerzan día con día por llevar seguridad
y justicia a los habitantes de nuestros pueblos; invoco en este

momento, a quienes trabajan calladamente por ennoblecer la
profesión judicial, en fin, a quienes se esmeran con sus acciones
en inspirar la confianza pública que merece la judicatura.
Yo creo que esta clase de impartidores de justicia es la que
tiene mayor oportunidad de acercarse a la ética y de poner en
práctica sus principios. A veces pienso que cuando venimos al
mundo, todos  nacemos con un ropaje blanco, inmaculado y al
mismo tiempo, con el compromiso metafórico de conservarlo así
durante todo el trayecto de nuestra existencia llevando una vida
recta con nosotros mismos y con nuestros semejantes.

Desgraciadamente no somos ángeles sino sólo seres humanos
proclives al error, de modo que a medida que vamos caminando
por la vida aquella nívea vestimenta se nos va manchando y
desgarrando a tal punto que cuando llegamos a cierta edad
andamos con vestidos vergonzantes de harapos y jirones
enlodados, y si bien es cierto que, como dicen, hay grados en esta
miseria humana, estoy dispuesto a creer que hay grupos de
personas que ya sea por su condición natural, por la profesión que

desempeñan o por la actividad que les ha deparado el destino,
están en sitios privilegiados para mejor apreciar lo bueno y lo
malo de las acciones humanas, teniendo así más oportunidades
para orientar su propia conducta y las de los demás. De esta
fortuna gozan las mujeres que han sido madres, los filósofos, los
sacerdotes, los maestros y, por supuesto, los jueces, que no
pueden desaprovechar la gracia de esa oportunidad honorífica
para tratar de ser, cada día, mejores personas y mejores
profesionales.

Y de aquí a reflexionar sobre los principios morales que
guían la buena práctica judicial no hay más que un paso. Cuando
el astronauta Neil Armstrong bajó de la nave espacial y dio el
primer paso en la superficie de la Luna, exclamó: “Este es un
pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la
humanidad.” Alguna semejanza se percibe entre el significado de
esta frase y el avance exponencial que representa para cualquier
persona que vive inmersa en la práctica de las normas morales de
una comunidad, el hecho de que de repente haga un alto en la

rutina cotidiana y dé un pequeño paso para reflexionar sobre si
eso que viene haciendo por costumbre es realmente correcto;
sobre qué puede considerarse bueno o malo; sobre cuál es la
finalidad que debe perseguir en su vida; en fin, cuando al hombre
empieza a formularse esas preguntas, está sometiendo a revisión
crítica sus costumbres y convicciones vitales, con lo cual ese
pequeño paso se convierte en un gran salto que lo transporta a
otra dimensión, a la dimensión de la filosofía práctica que se
llama ética: se está asomando ya, aunque sea por una rendija, a un
mundo fascinante donde se reflexiona sobre el calibre moral de la
existencia humana, donde el hombre se interroga sobre el arcano
del bien y del mal.

Lo anterior conduce a una de las mil preguntas que plantea
la ética, pues si aludimos a la reflexión sobre la ética aplicada es
lógico que se plantee esta gran interrogación: ¿Sirve para algo la
ética? ¿O es un adorno, o, en el peor de los supuestos, un estorbo?
Parece obvia la contestación de que, por supuesto, la ética es
de fundamental utilidad en nuestro entorno cultural, pero esto es

decir poco en realidad, pues la ética es una disciplina que puede
conducir a la progenie humana a la conquista de los méritos más
nobles que ha soñado desde que apareció sobre la faz de la Tierra,
inspirando un mundo donde predomine el respeto a la dignidad de
la persona humana y el respeto a la naturaleza, que es la verdadera
patria del hombre.
Leonardo Rodríguez Duplá, refiriéndose a la utilidad de la
ética da a entender, claramente:
“…que este saber no se limita a levantar acta de
los íntimos avatares de la vida moral, sino que
aspira a dirigirla o rectificarla. La ética toma
cartas en el asunto moral, por lo que suele
asignársele un cometido normativo…”1

Y más adelante, el profesor de la Universidad Pontificia de
Salamanca, después de hacer la analogía entre lo descriptivo y lo
normativo por una parte, con lo teórico y lo práctico por el otro,
agrega:

“….mientras el conocimiento teorético se busca
por sí mismo sin otro fin que la contemplación
(theoria) de la verdad, el conocimiento práctico se
busca por su capacidad para orientar la acción
(praxis). Entendidos así los términos la ética
resulta ser, indiscutiblemente, un saber práctico.
Estudiamos ética no para saber más, sino para ser
mejores.”2
Adela Cortina ha escrito, por su parte, un buen número de
trabajos sobre la ética aplicada; en uno de ellos, dice:

…últimamente cobra un espectacular
protagonismo la llamada “ética aplicada” que
intenta de algún modo aplicar los principios
descubiertos en el nivel fundamental a las
distintas dimensiones de la vida cotidiana. Hace
algún tiempo las gentes esperaban estas respuestas
de la religión, pero la experiencia de vivir en
sociedades pluralistas,  en  las  que  conviven
distintas propuestas de vida feliz -distintas
morales de máximos-, nos ha llevado a dirigir los
ojos hacia la ética pidiéndoles esas respuestas que
por racionales, deberían ser comunes a todos.3

El planteamiento de la ética aplicada, como se ve, es
entendible y convincente, pero la tarea que impone está saturada
de problemas y dificultades.
Pero al margen de todas las dificultades que pueda encontrar
en su desarrollo, lo cierto es que la ética aplicada es, actualmente,
como una ola gigantesca que va alcanzando todas las actividades
humanas, puede pensarse que para bien, por los resultados
obtenidos en algunas materias.
Si se quisiera ordenar la aplicación de la ética atendiendo al
número de personas sobre las que actúa, se distinguirían tres
formas distintas; tales serían: 1) La ética aplicada a la persona en
singular; 2) La ética aplicada en corporaciones, profesiones o
grupos que desempeñan las mismas actividades; y 3) La ética
universal aplicada en beneficio de toda la humanidad, lo que
también incluye a la naturaleza.
En lo que se refiere a la primera forma, 

esto es, a la influencia que la ética de Aristóteles, de Tomás de Aquino, de
Emmanuel Kant, de Jeremías Bentham o de algún otro maestro
puede tener sobre los seres humanos en lo particular, se advierte
que aquí existe una probabilidad mayor de que el influjo opere de
manera profunda e integral, ya que en el diálogo que se entabla
entre maestro y discípulo, éste no tiene que pulsar la opinión de
otros receptores para hacer concesiones o reservas a fin de que
haya un discurso aceptado de consuno; por lo contrario, al estar
sólo frente al filósofo, puede aceptar libremente todo lo que le

resulte convincente y razonable, comprometiéndose internamente,
asimismo, a tomar el camino práctico congruente con las
reflexiones acogidas. 
Tendrá, por tanto, una guía ética en su vida,
lo que le permitirá reflexionar sobre las costumbres morales de su entorno cultural y actuar de manera consciente, en vez de dejarse arrastrar anárquicamente como una hoja al viento.

Distintas características a las acabadas de señalar se
evidencian cuando la ética produce efectos, ya no sobre una
persona en singular, sino sobre un grupo de personas identificadas
por las mismas o parecidas actividades, sea por oficio, empresa,
carrera,  función, etc., tareas todas ellas que pueden englobarse en
la palabra “profesión”.

En toda profesión se van sedimentando, al correr del tiempo
y frente a la sociedad, una serie de prácticas que la propia
comunidad que las experimenta va calificando de acuerdo con el
logro de los bienes o valores esperados, de manera que se
reprueban y causan desconfianza los ejercicios execrables,
deshonestos, malos en general, mientras que se elogian y
aprueban aquellas prácticas sanas, virtuosas y humanas que
inspiran confianza, distinción útil, asimismo, para juzgar a un
practicante de profesionista bueno o malo. 

Resulta lógico, por tanto, que en cada profesión, a manera
de sublimación, se integre un entramado propio y distintivo de

bases, principios y prácticas valiosas y meritorias. Así, en la
profesión médica destacan por excelentes, además del dominio
científico y técnico de la medicina, la actitud de respeto reverente
al cuerpo humano, el combate a las enfermedades, el trato leal al
paciente, etc.;
de manera similar, dentro de la profesión judicial se
espera que el juez sea un conocedor de la ciencia jurídica, además
de juzgar con independencia, imparcialidad y justicia, etc., y así
en lo propio de cada una de las actividades, de donde se puede ver
que a través del tiempo y de la práctica, esa gran maestra que es la

realidad sirve como filtro ético que va revelando cuáles son los
puntos más valiosos, por bondadosos, que distinguen al quehacer
profesional que puede calificarse de excelente porque da
satisfacción a las necesidades de la sociedad con altura humana. 
Esa estructura o entramado ético de buenos principios que la
práctica inveterada ha descubierto en cada profesión, se ve
reforzada desde dos vertientes: en primer lugar, por el ejercicio
mismo de los profesionistas veteranos y distinguidos que sirven
de guía y ejemplo a los demás, especialmente a los jóvenes;
 y en segundo lugar, pero no menos importante, por la adquisición del hábito de las virtudes –prudencia, honradez, independencia, fidelidad, tolerancia, generosidad, temperancia, fortaleza, etc.- aplicadas según lo demanda cada profesión, porque lo admirable es que dichas virtudes, sin perder su valor, tienen flexibilidad para ir midiendo y rigiendo los avatares y vicisitudes de todas las profesiones. 
Cabe admitir, por tanto, que la ética aplicada influye
notablemente sobre la persona en singular y sobre los grupos
profesionales con toda la amplitud que se quiera pensar, pero es
en la tercera categoría donde puede alcanzar la cima más alta,
aquella que la humanidad viene anhelando desde siempre, es la
que tiene rango universal, la que debemos adoptar todos, la
sociedad y los Estados, tanto a nivel nacional como internacional,
porque los problemas y peligros mayúsculos que enfrenta la
humanidad en la edad contemporánea, exceden seriamente en
gravedad a todos los que había enfrentado en épocas pasadas.
En este punto no puede pasar inadvertida la contribución fundamental
 del filósofo alemán Hans Jonas, que a través de su
obra, principalmente su libro titulado “El Principio de la
Responsabilidad” publicado en el último cuarto del Siglo XX,
justamente impresionado por el genocidio cometido por el
nazismo, por la detonación de las bombas atómicas de Hiroshima
y Nagasaki y por la devastación del sistema ecológico que afecta
no sólo a cielo, mar y tierra, sino también a las especies
biológicas, nos alerta sobre el peligro que para la humanidad

representa el desmesurado poder técnico y científico alcanzado
por el hombre sin que exista de modo paralelo el adelanto ético
requerido para mantener ese poderío dentro de los matices
prudentes que garanticen la subsistencia de la humanidad, el
respeto a la naturaleza que es la cuna del hombre y el manejo
responsable del genoma humano.

Ante ese expectante futuro vislumbrado desde esta realidad
donde ya el poder tecnológico y científico  permite al hombre
jugar a que es Dios por cuanto es capaz de modelar la naturaleza y
el mundo, manipular los resortes secretos que configuran la

imagen del hombre y aun destruir el planeta (varias veces, según
dicen) como un Zeus olímpico, Hans Jonas formula, al estilo
kantiano, el siguiente imperativo categórico: “Obra de tal modo
que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra.”

Este llamado ético está dirigido a todos, pero especialmente
a los hombres de ciencia, a los poderosos y a los gobiernos del
mundo. La ética aplicada debe llegar también a los políticos
porque en gran parte está en sus manos la suerte de la humanidad.

Este afán parece inalcanzable por ahora, pero recordemos
que la esperanza es la única virtud que quedó en la Caja de
Pandora como una lucecita de salvación para los hombres.
Los físicos y matemáticos que pasaron a la historia: Albert Einsten,
Max Planck, Niels Bohr y otros sabios, eran solamente teóricos
que vislumbraban la desintegración del átomo como algo utópico
o ficticio, y sin embargo, pudieron hacerlo realidad cuando con el

concurso de costosos elementos aplicaron aquellas hipótesis
científicas y nos trasladaron de repente a la era atómica.
Si esto se logró, aun no sabemos si para bien o para mal de
la humanidad, ¿Por qué no hemos de tener la esperanza de que los principios éticos tengan aplicación práctica entre los estadistas, entre los gobernantes, entre los científicos, entre todos los hombres?

No podemos perder la confianza ahora, cuando la razón y la
prudencia tienen mayores oportunidades de manifestarse, en
general, en la colectividad, como resultado de que la expansión de
los medios de comunicación masiva han empequeñecido el
mundo y los pueblos ya no son masas fácilmente maleables; son,
cada vez más, comunidades pensantes, contestatarias, con
autoridad dialéctica y moral para censurar los sistemas prohijados
por los gobiernos, así como para señalar nuevos caminos. 
En 
suma, la voz de los pueblos también puede traer tonalidades éticas




aunque, de inicio, puedan parecer subversivas o rebeldes, como
cuando han luchado, a veces al margen de la ley, por el respeto a 
los derechos humanos o contra la desigualdad. 



El filósofo norteamericano Carl J. Friedrich dice al respecto:
…Todos los norteamericanos tienen razón
sobrada para estar agradecidos a nuestras
minorías, grupos e individuos por el nuevo vigor
con que están exigiendo la observancia forzosa y
la vigorización de nuestros derechos. 
4


Movimientos sociales como los que protestan contra la
discriminación racial, los que exigen un trato humano para los
inmigrantes indocumentados (los modernos esclavos), los
“indignados”, sólo por citar algunos, tienen un contenido ético
que debe llamar nuestra atención.






A través de estas sencillas líneas, con la intención de



agradecer el honor que se me ha otorgado, he tratado de poner de 
manifiesto la importancia que para los seres humanos, en todos sus niveles, individual, grupal y universal, tiene la ética aplicada.
También he profesado mi esperanza, al margen de quimeras, de
que algún día los principios éticos predominen, también, en todos los niveles, pero quisiera ponerme en el punto extremo de la desilusión, esto es, en el supuesto de que esa esperanza está
perdida de antemano. 
En este punto yo creo que pese a ello
debemos perseverar en el intento 
de alcanzar esos valores, porque
no podemos hacer otra cosa que 
valga más la pena. 

Cuando Felipe II de España imperaba militarmente en el
Siglo XVI sobre lo que ahora son los Países Bajos, llegó a
encontrar una fuerte oposición independentista organizada por
Guillermo de Orange, llamado “El Taciturno”; el Rey declaró a 
éste fuera de la ley y puso precio a su cabeza; en respuesta, 
Guillermo de Orange publicó una Apología
en donde defendía la 
lucha por la libertad; 


ahí decía esta frase, que aquí puede

reiterarse:

“No necesitamos esperanza a fin de obrar,
Ni necesitamos triunfar a fin de perseverar”

El filósofo Hans Jonas dijo algo parecido en la última
conferencia que pronunció en 1992 cuanto tenía 89 años; dijo: 
Como ahora estoy partiendo, es mi deseo
para la filosofía que persevere en ese
empeño sin miedo de cualquier posible
duda en relación a su éxito. El Siglo que
está llegando tiene derecho a esa
perseverancia. 

Al año siguiente murió, pero su voz aún resuena. 
Gracias
________________________________________
É PRECISO RESGATAR A ÉTICA E A MORALIDADE 
URGENTEMENTE !

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